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Tierra De Toros

Corrida Goyesca

 Los toros de Adolfo Martín pusieron el interés

MADRID.- El interesante juego de los toros de Adolfo Martín fueron la nota más destacada de la Corrida Goyesca con motivo de la festividad del 2 de mayo, celebrada este martes en Madrid.

Toros de Adolfo Martín, bien presentados y de variado comportamiento. El primero, difícil. Segundo, tercero y cuarto, ovacionados en el arrastre, al segundo incluso se le pidió la vuelta al ruedo. El quinto, soso pero manejable. Y el sexto se paró.

Pepín Liria: media estocada atravesada y cuatro descabellos (palmas tras un aviso) en el único que mató.

Luis Miguel Encabo: estocada caída (silencio); pinchazo y estocada algo desprendida (ovación); y estocada caída (silencio).

Fernando Robleño: estocada caída y dos descabellos (palmas); y pinchazo, media delantera caída y descabello (ovación).

Cuadrillas: el picador Rafael da Silva picó muy bien al segundo, siendo fuertemente ovacionado.

En la enfermería fue atendido Pepín Liria de "una contusión en la cara anterior de hemitorax derecho, pendiente de estudio radiológico. Contusiones en hombro y pierna derecha. Pronóstico reservado". Posteriormente fue trasladado a la clínica La Fraternidad.

La plaza casi se llenó en tarde fresca y con ligero viento.

Festejo entretenido en Las Ventas para celebrar en lo taurino el día de la Comunidad de Madrid. Un festejo en el que los toros de Adolfo Martín aportaron en todo momento un gran interés a pesar de su desigual comportamiento. La terna, muy decidida, nunca volvió la cara, tocándole la peor parte a Pepín Liria que milagrosamente se salvó de un percance mayor.

 

Liria tuvo un primer toro que fue ovacionado de salida por su trapío y al que lanceó con decoro para después con la muleta jugarse el tipo en más de una ocasión. El de Adolfo se vencía por ambos pitones sin olvidar lo que se dejaba atrás y el murciano, muy valiente, pasó por algunos momentos de mucho apuro, mas sin volver jamás la cara.

Al final de faena mientras armaba la muleta se le vino el toro encima y afortunadamente se escapó de la cornada. A pesar del comportamiento del astado instrumentó una serie de naturales muy meritoria en la que aguantó con los pies clavados en la tierra. Tras arrastrarse al toro, Liria ingresó en la enfermería para ya no salir.

Por este percance de Liria, Encabo tuvo que matar tres toros. Al primero de su lote lo bregó con eficacia, un ejemplar que fue tres veces de largo al caballo propiciando al picador de turno Rafael da Silva que ejecutara un extraordinario tercio de varas. Posteriormente Encabo se lució en unas chicuelinas que fueron jaleadas por un público metido ya de lleno en el festejo. Tomó el madrileño las banderillas y volvieron los aplausos, aunque en honor a la verdad en los tres pares que puso la velocidad del astado no le permitieron cuadrar en la cara.

Después con la muleta el toro aprendió ya lo que le faltaba y comenzó a desarrollar peligro por ambos pitones. Ante esta circunstancia Encabo optó por la brevedad, cosa que no gustó al público que se puso de parte del toro dedicándole una larga y cerrada ovación en el arrastre, solicitando incluso el premio de la vuelta al ruedo.

El comportamiento del cuarto nada tuvo que ver con el del anterior, pues éste tenía la fuerzas justas y no era tan violento. Lo entendió bien el madrileño y se recreó en algunos muletazos al natural, pues el de Adolfo humillaba y tenía mucha nobleza. Encabo propició pasajes de buen toreo al hacerlo con temple y extraordinaria disposición. Pero la estocada, algo desprendida, restó méritos a su actuación.

Se corrió turno y Encabo lidió el sexto, un toro aplomado y con pocas condiciones para la lidia, con el que no se confió y estuvo breve.

Robleño no se arrugó y se fue a recibir a su primero a portagayola para después con la muleta iniciar la faena con un escalofriante pase cambiado citándole de lejos. Estuvo muy voluntarioso ante un toro que tenía menos gas pero mucha mas bondad en las embestidas. Basó su labor prácticamente en la mano izquierda si bien le faltó continuidad entre pase y pase sin aprovechar del todo la clase del animal por ese pitón.

Con el quinto, soso y parado, Robleño se mostró muy animoso y en su haber hay que anotar una buena tanda de naturales con temple y ligazón porque su faena sobre la mano izquierda mayormente estuvo marcada por sacar pases de uno en uno. Entregado y decidido agotó todas las posibilidades. Pero mató mal.

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