TOROS SIN BRAVURA
Madrid- Casi todos los toros de ayer engañaron, porque hicieron concebir ilusiones al
público y a los mismos toreros. Los hubo mansos, menos mansos e incluso bravos con el caballo, como el sexto, pero les faltó la casta suficiente para soportar una lidia normal. El segundo fue el mejor en la muleta, porque aguantó muchos pases de su matador, y bien dados. Pero careció de la viveza que proporciona la auténtica bravura y que aporta a la faena esa vibración que electriza los tendidos.
Se observó una mejoría de Javier Valverde, que realizó lo mejor de la tarde. Habrá que verlo con reses más acometedoras, puesto que está preparado para ello. Iván Vicente puso mucha voluntad, en especial en el primero. Y Fernando Cruz, que tiene en la mente el toreo clásico, tropezó con dos animales que no le facilitaron la labor precisamente, aunque se le vieron detalles muy esperanzadores.
Iván Vicente con el primero, noblón y sin humillar, inició por alto la faena que remató con dos ayudados por bajo. En buena distancia y con la muleta bien situada, acertó en los primeros derechazos, en los que le encontró la medida al toro: echarle el engaño adelante a la vez que la pierna. El toro le obedeció, sin humillar y le salieron buenos muletazos diestros. Citó con la izquierda, con la muleta retrasada y sufrió un achuchón que no lo hizo amilanarse. Prosiguió al natural, aunque el animal no respondía por ese pitón. Los pases que siguieron con la diestra, ganándole el paso y templado. Los ayudados finales, ajustados y garbosos. Ejecutó muy bien la suerte de matar. Buena actuación.
Con el cuarto, manso de salida, que buscaba la dehesa desesperado, poco pudo hacer con el capote. Inició la faena por bajo para seguir con la derecha al hilo, es decir, sin cruzarse, por lo que al segundo o tercer pase el toro reponía y le ganaba la acción. La segunda tanda, mucho mejor, más cruzado y los muletazos resultaron más acordes. El toro empezó a mansear otra vez y a mirar a las tablas y todos los pases que intentó con la derecha y la izquierda resultaron sin emoción ya que el animal no estaba pendiente de la faena. Mató con decisión y finalizó una labor decorosa.
Javier Valverde recibió al noble y suave segundo con muy buenos lances. Los primeros muletazos, cerca de las tablas, por alto, y un natural muy bueno, seguido de un ayudado por bajo de remate. Los primeros derechazos, muleta adelantada y templándose, calentaron al personal, muy pendiente de él. Tras ser desarmado en la segunda serie, remató una tercera de cuatro con la derecha y el de pecho, muy reunido con el toro. En las dos tandas de naturales, el toro embestía más despacio, por lo que fueron buenas pero sin tanta emoción. La última, citó en línea y no salió. Una pena porque lo anterior fue bueno.
Con el quinto, un inválido que incomprensiblemente no devolvió el presidente, poco pudo hacer. Al primer natural, el toro, al suelo. A partir de entonces, nada de nada, por mucho que lo intentó. El error presidencial, además de perjudicar al público pagano, también lo hizo al torero.
Fernando Cruz con el tercero, suave y flojo, intentó hacer el toreo clásico que mostró en su actuación anterior. Algunas veces resultó y otras no. El astado se quedaba corto cuando no le alargaba los muletazos lo suficiente, costumbre que tiene el torero de echárselo atrás: algo que no se le puede hacer a todos los toros. En la segunda tanda se dejó prender la tela en varias ocasiones, como consecuencia de no medir el son del animal. Los primeros naturales, tres, resultaron más armónicos, pero ya el toro dio síntomas de mayor agotamiento, el toro punteaba y no seguía la tela con fijeza.
Inició la faena del sexto ilusionado, el toro había ido bien al caballo, pero se le notó que la fuerza se le iba a chorros. Los primeros muletazos con la derecha, ortodoxos y templados, pero en la segunda tanda el toro se derrumbó. Intentó por naturales, pero aquello se había acabado. Imposible hacer más, pero lo hizo: atacó derecho como una vela con la espada, una bella ejecución, aunque el acero resultó algo tendido.